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martes, 11 de marzo de 2014

NO TAN INCENDIARIO, MARTA SANZ

Autora: Marta Sanz
Título: No tan incendiario
Editorial: Periférica
Colección: Pequeños tratados, 15
Año: 2014


Viernes 28 de febrero
El cartero entra en la Librería con un sobre de la editorial Periférica. Le doy las gracias y espero a que se vaya para abrirlo. Lo hago con ansiedad pero despacio, sabiendo que su contenido me va a sorprender gratamente.
Dentro del sobre un pequeño libro de la colección Pequeños tratados (la misma en la que se publicó el Ahora, escribo de Lolita Bosch). Toco el libro con cuidado, leo la contraportada, lo huelo. Se titula No tan incendiario y su autora es Marta Sanz. Decido llevarlo a casa para leerlo el fin de semana.
Domingo 2 de marzo
Me despierto temprano a mi pesar. pongo el café al fuego y saco el libro de su bolsa. Todo lo que he leído de Marta Sanz me ha gustado. Me gustó su poesía en Perra mentirosa (mi primer acercamiento a la autora). Me encandiló el análisis de La polilla y la herrumbre de Cholmondeley que publicó en La tormenta en un vaso. Me hizo devota de sus letras cuando leí Daniela Astor y la caja negra (quienes tengan más de cuarenta años no deben perdérsela. Tampoco quienes tengan menos).
Me sirvo el café y empiezo a leer. La introducción me dibuja una sonrisa:

"Estos pensamientos -soflamas al margen de cualquier cautela- responden a la incertidumbre y a cierta sensación de malestar: a la imposibilidad de estar conforme. No son un discurso superpuesto que justifique mi trabajo como escritora. Incluso a veces estos escritos corrigen mi producción literaria. La ponen en tela de juicio. O quizá es al revés y mi producción literaria discute con mi discurso sobre la literatura." (p.8)

Subo los pies al sillón antes de sumergirme en el primero de los ocho capítulos en que se estructura el texto-collage. Lleva por título Una propuesta de abajo arriba y encontramos referencias a Balzac y a Mario Testino (primera visita a la enciclopedia, menos mal que la puse cerca), a Moro y a Huxley, a Javier Cercas y a José Luis Cuerda. Una cascada de preguntas inunda la página y, de pronto, las preguntas sobre las ingles en la película Amanece que no es poco. ¡Una genialidad!

Enciendo un cigarro. El segundo capítulo se titula Presupuestos para un debate. Dieciséis reflexiones con tres ilustraciones (textos ilustrativos, ejemplos). Leo y releo. Asiento como una colegiala asombrada ante una profesora docta. Anoto en la libreta:

"6. Quiero escuchar a los que tienen algo que decir porque lo han pensado dos veces. Porque han sudado tinta. Porque no basan su conocimiento en la maldad o la ocurrencia. Siento nostalgia del antiguo catedrático de griego y de la profesora que, en 1º de BUP, se ensuciaba la pechera de tiza dibujando un cuadro sinóptico -las llaves eran casi perfectas caligráficamente hablando-, de las escuelas presocráticas (...) Contradigo el buenrrollismo de Ignacio Sánchez-Cuenca que se felicita por la desaparición, propiciada por el acceso al dato en internet, de la ancentral especie de los eruditos." (pp.26-27)

"10. Toda la cultura encarna un posicionamiento ideológico." (p. 30)

"11. Las formas culturales con apariencia de neutralidad -formas blancas, formas ensimismadas en la cultura sacramental del arte por el arte, formas de primera comunión- son las que entrañan mayor peligro -si, peligro: existe una cultura de alambrada electrificada." (p.30)

"12. La cultura no es algo secundario ni se puede separar del trabajo político. La cultura popular no es lo mismo que la cultura basura." (p.31)

Dejo el libro sobre la mesa un instante. Respiro hondo, enciendo otro cigarro y me planteo dejar de anotar por el momento (si sigo así necesitaré más de una libreta). Me reacomodo en el sillón y me adentro en el trecer capítulo (Cultura de izquierda). En el sexto fragmento Marta Sanz hace un apunte tragicómico sobre el robo del lenguaje refiriéndose al uso que la cadena ultraderechista Intereconomía hace de la sintonía de Paco Ibáñez sobre un poema de Gabriel Celaya. Me cabreo. pienso en mi madre y en su amor por Celaya. Me alegro de que no pueda enterarse de esto.

Y sigo leyendo. El capítulo cuarto (Diagnóstico) me arranca varios oles (¿olés?) Qué inteligente me parece esta autora, qué certera, y qué valiente. La ilustración 9, dedicada a la lectura en 72 horas de la trilogía Millennium me despierta una risa alegre: no todo está perdido.

Me gusta leer. Leo y releo este texto No tan incendiario. A partir de la página cincuenta no me resisto y hago la lectura en voz alta: la comparto, la debato, anota cuidadosamente cada referencia, cada cita, cada película, cada poema.

Capítulo quinto: ¿Por qué hoy los artistas no militan? Capítulo sexto La novela hoy. Capítulo séptimo El espacio conflictivo del ensayo. Capítulo octavo Marx y la literatura (sí, Marx, aquel al que tanto y tantos leímos en otros tiempos. Y sí, la autora se atreve a nombrarlo en un título).

Termino el libro. Tengo ganas de salir a coger aire pero se acerca la hora de la comida. Enciendo la radio y me voy a la cocina. Mientras pico la verdura le pido a mi compañera que me relea algunos trozos: ¿qué decía de la literatura política? ¿puedes releerme las referencias a Belén Gopegui? ¿me lees otra vez la parte del ebook?

Después de comer salimos a pasear y seguimos hablando del libro. Quiero recomendarlo y no sé cómo hacerlo. Da para muchas conversaciones. Está hecho de inteligencia, de conocimiento y de vida. O tal vez, como dice la autora en la conclusión del prólogo:

"Es un poema. Este texto. Por eso, a menudo, rima y no está pensado para discutir." (p.8)

En cualquier caso, si les gusta leer, léanlo. Yo solo puedo agradecerle a Marta Sanz que lo haya escrito y a Periférica que lo haya publicado. ¡Es un broche de oro!






viernes, 6 de diciembre de 2013

EL CHICO DE LA TROMPETA, DOROTHY BAKER. PASIÓN EN ESTADO PURO.

Cada vez que leo una novela que me revuelve la vida entro en un estado de aislamiento que me obliga a vagar por las calles sin despegarme de lo sentido en la lectura, a soñar con los ambientes y personajes, a desear que la historia no acabe con la última página, a trasladarme. No es algo que me ocurra con frecuencia, pero cuando ocurre sé que la historia me permanecerá dentro y que ningún acontecimiento real logrará despegármela. Me ocurrió, hace un mes, con El chico de la trompeta (en el título tienen un enlace a la ficha de la editorial) y no sé cómo contárselos porque solo siento la necesidad de decirles (de gritarles), que tienen que leerla.

El chico de la trompeta fue escrito por Dorothy Baker (el nombre enlaza con la wikipedia por pura comodidad) en 1938, y ha sido publicada en nuestro país este año gracias al buen hacer de los editores de Contraseña (algún día les hablaré de mi historia con esta exquisita editorial). Es la mejor novela con protagonista músico que he leído en mi vida (el mejor texto, en realidad) y como me siento absolutamente incapaz de reseñarla con un mínimo de rigor les voy a indicar aquí dos recomendaciones hechas por dos buenos lectores y les voy a contar una vieja historia.

Las recomendaciones son  la de Kiko Amat  (escritor, lector y músico, no necesariamente en este orden) que en su página Bendito Atraso (no olviden que en los cambios de color siempre hay enlaces) declara, y yo lo suscribo, que "El chico de la trompeta es el mejor libro jamás escrito sobre música y obsesión". Y la de Eduardo García Rojas (cinéfilo, bibliófago, cronista y amigo) que concluye su reseña (aquí) afirmando, y también lo suscribo,  que "por obras así merece la pena continuar leyendo para aprender a ser distinto".

Y en cuanto a la vieja historia, supongo que la podría evitar, pero es la única forma que tengo de intentar trasmitirles mi pasión por esta novela, así que aquí va:

En una vida muy muy lejana fui una niña unida a un enorme piano que me desbordaba. Todos los días me sentaba frente a él y me esforzaba por lograr que me diera los sonidos que otros (grandes otros clásicos) habían escrito. Todos los días me acostaba soñando que el instrumento me comprendería y me daría al fin las melodías que me atormentaban. Y todos los días volvía, incansable, a la misma eterna batalla.
En otra vida también muy lejana fui una joven llena de impotencia que abandonó la interpretación y se sumió en la escucha de las mejores músicas. Una joven afortunada que escuchó atónita los directos de trompetistas como Freddie Hubbard, Wynton Marsalis y Miles Davis. Una joven apasionada que regresaba a casa de los conciertos como si algo trascendente hubiera ocurrido, que leía compulsivamente al Cortázar con el que soñaba, que paseaba insomne las calles de Granada, que frecuentaba peñas flamencas, que se iniciaba en el alcohol y el sexo y, a veces, se sentaba llena de rabia delante del piano queriendo arrancarle lo que no le había dado.
En otra vida leí y oí desesperada. Soñé y viví obsesionada. Busqué sin encontrar respuesta y a veces, algunas veces, me sentí identificada. Me ocurrió leyendo a Cortázar y volviendo una y otra vez a su Perseguidor. Me sucedió compartiendo noches con Boris Vian y sus letras. Me pasó en las miradas viejas y en algunos cafés. Y luego, poco a poco, todo pareció desaparecer.
En esta vida, no siempre cercana, el piano permanece como un mueble más, destinado a acumular polvo, los conciertos en directo quedan en la memoria de los años en que tuve nómina y la pasión permanece encorsetada entre horas de trabajo y aperturas de cajas. Pero a veces, algunas veces, el tiempo se para y la pasión se desata. Me ocurrió con la lectura de La balada del café triste de Carson McCullers que con su niña pianista me volvió a la infancia. Me sucedió con La historia de Paul de Willa Cather. Y me ha ocurrido, con mayor fuerza aún, leyendo El chico de la trompeta.
Fin de la historia.

Amigos. Amigas. La lectura de esta novela me ha convertido en fiel admiradora de la palabra y en devota de Dorothy Baker porque no creo que ningún autor (y uso el masculino con toda la intención) haya captado como esta mujer la pasión (¿obsesión?) que la música puede ejercer. 

Escuchen música. Escuchen jazz. Escuchen a Bix Beiderbecker (aquí lo pueden hacer) pero, sobre todo, lean El chico de la trompeta. Porque hay libros que están llenos de vida. Y uno es este.

Gracias a la editorial Contraseña por la edición.
Gracias a Ismael Atracche por la traducción.
Gracias a Alberto Gamón por la ilustración.
Gracias a Dorothy Baker por la comprensión.



martes, 12 de noviembre de 2013

DIARIO DE UNA DAMA DE PROVINCIAS, E. M. DELAFIELD

Entramos en silencio en la sala de espera. Nos sentamos y abrimos nuestros libros. Apenas he leído una página cuando una leve risa se le escapa. La miro. El libro que origina la risita es Diario de una dama de de provincias.Yo lo leí hace apenas una semana. Sonrío y vuelvo a mi lectura.

Tengo la sensación de que no ha pasado ni un minuto cuando la risa, disimulada con un pañuelo, vuelve a sonar en la sala: De qué te ríes, pregunto. De los paréntesis, de los recordatorios que se hace. Son geniales, me dice. Cierro mi libro y le pido que me lea algunos.

Como a Lady B. se le ocurra presentarnos a sus amigos literatos, o a quien sea, como "nuestro administrador y su esposa", he tomado la firme decisión de marcharme de inmediato de la casa.
Se lo hago saber a Robert. No dice nada. (Recordatorio: poner los zapatos de fiesta en la ventana, a ver si el aire fresco les quita el olor a gasolina). (p.20)

Reímos. Sale la enfermera y me indica que soy la próxima en entrar. Me tenso ligeramente. Ni siquiera sé qué tipo de prueba me van a hacer. Ella sigue leyendo y riendo: ¿Más paréntesis? No, me responde, la descripción del arreglo del traje para asistir a la fiesta. Es divertidísimo.

Me toca entrar. Dejo mis cosas en la salita y sigo a la enfermera. Cuando salgo me la encuentro con las gafas salpicadas a causa de las lágrimas causadas por la risa:

No tengo nada, anuncio. Nada importante.
Qué bien, me responde. ¿No te importa esperar un poquito? Me queda muy poco para terminar el libro.

Me siento y espero. Ha tenido que quitarse las gafas de tanta lágrima feliz. Cuando termina salimos y caminamos bajo la lluvia mientras me cuenta entusiasmada el libro que ya leí. Solo interrumpe el relato para abrir el libro y leer en voz alta: ¿Te acuerdas de la parte en que va nadando hasta la roca? ¡Es maravillosa! ¡Escucha!

Continué nadando. La roca se alejaba más y más. Me dije que los titulares que los titulares que anunciaran mi fallecimiento en tan augusta compañía tendrían cierta distinción y me puse a redactar mentalmente un par que, en mi opinión, quedarían bien en el periódico del pueblo. Estaba pasando a considerar el párrafo en la revista parroquial cuando choqué con una pequeña roca y volví a hundirme al instante. Volví a emerger misteriosamente de la espuma aunque, y eso lo sé bien, no como Venus ni mucho menos. (p. 160)

Seguimos caminando y riendo. Me pregunto cómo habrá conseguido la traductora hacer su trabajo sin estallar en carcajadas continuas. Decido pedir una buena cantidad de libros para la Navidad. Me alegra saber que quienes lo lean tendrán un día lleno de risas.



Título: Diario de una dama de provincias
Traductora: Patricia Antón
Editorial: Libros del Asteroide
Año: 2013
PVP (en Canarias): 18,22€




No lo duden. Una lectura para llorar de risa.

viernes, 1 de noviembre de 2013

NOMBRES Y ANIMALES, RITA INDIANA

Nombres y animales
Rita Indiana
Editorial Periférica
Año 2013
208 páginas
16,35 €                                            

Rita Indiana es mujer, es dominicana, es joven. Rita Indiana es escritora y es música. A Rita Indiana hay que conocerla. En España la Editorial Periférica (una de esas editoriales exquisitas que nos encantan) ha publicado dos novelas suyas: Papi (2011) y Nombres y animales (2013), y las dos son portentosas.

La lectura de Papi, en su momento, me sorprendió por la agilidad del lenguaje, por certera mirada de la niña que narra, y por la historia. La de Nombres y animales me ha fascinado desde el título (acertadísimo) hasta el punto final.

De lo que se cuenta en esta novela, y de cómo se cuenta, leemos en la contraportada del libro:

"Dinamitando desde la base el realismo mágico, pero nutriéndose, en cierto sentido, de su absoluta libertad fabuladora, la escritora dominicana Rita Indiana construye en esta prodigiosa novela, que supera los logros de su libro anterior, Papi (Periférica, 2011), un edificio narrativo gobernado por una entrañable adolescente (que, desde las primeras páginas, se vuelve fundamental en nuestra vida de lectores) y habitado por una familia tan peculiar como, aunque suene a contradicción, y ya entenderán por qué, "corriente".
Mientras los padres de la protagonista dejan el Caribe para visitar la Exposición Universal de Sevilla de 1992, ella se emplea en la clínica veterinaria de sus tíos Fin Y Celia, dos personajes dibujados con una precisión y un humor únicos, marca de la autora.
Historias rocambolescas, animales sin nombre, hijos ilegítimos, haitianos maltratados, amantes de otro tiempo... y también de éste. Y, por supuesto, como en todos los veranos a esa edad, el descubrimiento del sexo. O sea, Armenia, Radamés, Vita, Guido, Cutty, Mandy, Uriel, Claudia... Magia y estupor unas veces; misterio deseo otras. Una doble vuelta de tuerca al tema del culebrón latinoamericano y al tema de la novela de iniciación. Una novela apabullante, escrita en estado de gracia".

Y sí. Nombres y animales es una novela apabullante cuya protagonista adolescente nos presenta con lenguaje directo y preciso a familiares y amigos que quedan retratados con tanta exactitud que podrían ser los nuestros.

Así, refiriéndose a la abuela nos dice:
"A mi abuela se le cruzan los cables.
 Esto viene de lejos, yo creo que desde siembre, pero ahora que cumplió los ochenta como que se nota más". (p.32)
Cuando nos presenta a su hermano asegura:
"Mi hermano es muy bruto. Es bruto y no lo sabe. Él cree que es muy inteligente porque las estúpidas que se acuestan con él se creen todo lo que él les dice o eso cree él". (p. 152)

Y de sus tíos nos advierte:

"Tía Celia es la esposa del tío Fin y es, como quien dice, la dueña del hospital, porque ella lo construyó con su dinero y eso se lo recuerda a todo el mundo, todo el tiempo". (p.21)

"Tío Fin es muy talentoso, y si le hubiesen tocado unas padres un chin más inteligentes a lo mejor a esta hora estaría en otro lugar". (p. 61)

Es una novela que habla del trabajo en la clínica veterinaria, de las fiestas con amigos, del amor y de la frontera con Haití. Y mucho más. Muchísimo más, porque Rita Indiana, con lenguaje humorístico y despiadado disecciona individuos y relaciones y nos deja una imagen asombrosamente lúcida de la familia, la amistad, la intolerancia, la pobreza y la locura. De la sociedad. Y de la importancia de nombrarnos y nombrar.

En definitiva una preciosa obra, divertida y profunda, que nos recuerda la importancia de nombrar y nombrarnos, porque solo los gatos tienen la libertad de ser sin ser nombrados: 

Anímense a leerla.








miércoles, 17 de julio de 2013

EL DÍA DEL ENTIERRO, EDITH WHARTON

El día del entierro es una breve(72 páginas) y exquisita pieza de Edtih Wharton que ha sido publicada en nuestro país por Rey Lear con traducción de Susana Carral. Es un precioso libro de pequeño formato y buen papel con una magnífica portada en la que se reproduce una pintura de Egon Schiele. Un libro para disfrutar en el aperitivo (¿con un martini?), en la sobremesa (¿con un café?) o simplemente en la media horita de espera frente a cualquier ventanilla. Yo me lo despaché hace unos días acompañada de una café con hielo, lo disfruté como la magnífica obra que es, y todavía me dura el impacto de la magnífica descripción del hombre machista, egoísta y solo pendiente de su ombligo que todas conocemos.

El principio del libro es tan contundente que no me resisto a copiarlo:

SU ESPOSA HABÍA DICHO: "Si no la dejas me tiro por el balcón". Él no la dejó y su esposa se tiró por el balcón. (p.17)

Tras ese párrafo impactante se nos cuentan las peripecias, de acción y de pensamiento, del protagonista de la obra, el profesor Trenhan, en el día del entierro de su esposa. Y es tan magistral la descripción, tan significativas las cosas que suceden, tan exactas las palabras, que cuando terminamos el libro (y el café) no tenemos la menor duda de que conocemos a ese tipo, a esos tipos, y que más de una vez lo hemos tenido como amigo hasta descubrir que solo su querido ombligo le importa, hasta saber que por nada ni por nadie está dispuesto a prescindir de su posición, de su comodidad, de su protagonismo.


El día del entierro es una obra de arte literaria. Y es también un excelente alegato contra el machismo y una inteligente advertencia frente a los engaños y seducciones de ciertos encantadores individuos. La editorial resume así en la contraportada:

El profesor Trenhan sufre remordimientos por haber engañado a su esposa, que acaba de morir inesperadamente, un hecho que todos atribuyen a su carácter emotivo y nervioso. Tam apesadumbrado como asustando, Trenham decide romper con su joven amante cuando su mujer apenas acaba de recibir sepultura. Edith Wharton recrea en El día del entierro la psicología de un machista, de un egoísta incapaz de afrontar la vida en solitario ni de pensar en la felicidad de su pareja. Un desenlace inesperado pondrá un poco de justicia en este retrato social en el que la gran escritora norteamericana vuelve a demostrar su valentía para romper con los arquetipos tradicionales y las tesis más conservadoras.

Yo solo puedo resumir que es un placer tener un pequeño tiempo y degustar un gran libro. Y que este libro, perfecto retrato de un cobarde, hay que leerlo.